Por una Cabeza

 

Por una Cabeza

Ilustración para cuento de Carlos Ávila, – Por una Cabeza- 2014

Por una Cabeza

Sí, en serio, con los ojos cerrados y en el medio de la calle, como una pelota con pelos e hilitos rojos en el cuello y un tubo grueso en el medio y sangre. ¿Y tú qué hiciste? Salí corriendo, pero como cien metros más adelante me agarraron los pacos. ¿La policía? Sí. ¿Y qué te dijeron? Que de quién era esa cabeza, que esa cabeza era mi responsabilidad, que si no decía de dónde la había sacado iba a ir preso por siempre. ¿Y tú qué decías? Que no era mía. ¿Y ellos qué decían? Que me montara en la patrulla. ¿Y tú te montaste? No. Bueno, sí. Primero no, pero al rato uno de los policías me preguntó que cómo era posible que pasara al lado de una cabeza tirada en el medio de la calle y no hiciera nada, y yo le contesté que si él quería que agarrara la cabeza y me la llevara para la casa. Entonces todos los demás policías se rieron y el tipo me ordenó, con la pistola en la mano, que me montara en la patrulla. Y ahí sí me monté. ¿Y te llevaron? Sí. ¿A la jefatura? Sí. ¿Y la cabeza? La llevamos con nosotros. ¿En la patrulla? Sí, en el asiento de atrás, sobre mis piernas. ¿Y te manchaste de sangre? Un poquito. ¿Y te daba miedo? No. ¿Y entonces? Entonces llegamos a la jefatura y yo me tuve que bajar con la cabeza agarrada por los pelos y los policías que estaban ahí me miraron como si yo estuviera desnudo, y el jefe, que ya estaba arrecho, dijo que no la agarrara por los pelos y yo le contesté que si quería que la llevara de la mano, y eso le bastó para que me encerraran en una celda llena de malandros. ¿En serio? Sí, pero eso fue un ratico porque ahí mismo me sacaron y me llevaron a una sala con varios policías y pusieron la cabeza encima de un escritorio, sobre unas carpetas, y comenzaron a hacerme preguntas. ¿Y qué te preguntaron? Que de quién era esa cabeza, que si yo formaba parte de una secta satánica, que si había escuchado algún ruido… Pero antes de que contestara, uno de ellos se acercó a la cabeza y preguntó si creíamos que era de hombre o de mujer. Y ahí todos comenzamos a verla de cerquita y uno de los policías le tocó el pelo y dijo que era de mujer. Entonces la cabeza abrió los ojos y dijo que no, que ella era de hombre. Y ahí todos retrocedimos asustados. ¿La cabeza habló? Sí. ¿Y qué dijo? Eso: que era una cabeza de hombre y que tenía las respuestas a todas nuestras preguntas. ¿Y ustedes le preguntaron algo? Claro. ¿Qué preguntaron? Yo pregunté si dios existía y un policía preguntó si su mujer le montaba cachos. ¿Y qué dijo la cabeza? Que su esposa era una puta. ¿Y dios? ¿Qué pasa con dios? Que si existe. No sé. ¿No le preguntaste eso a la cabeza? Sí. ¿Y qué dijo? Dijo que si tuviera manos nos pintaría una paloma. ¿Y entonces? Entonces todos los policías comenzaron a cantar el tango ese. ¿Cuál? El de la cabeza. ¿Y mientras tanto tú qué hiciste? Mientras tanto yo me fui.
Texto: Carlos Ávila 2014
Ilustración: Burócrata

 

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